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PRESENTACIÓN CARPETA Nº 13:
Para quienes estamos saturados de Orden, impregnados de monotonía, condicionados por la
precisa trayectoria de las manecillas de un reloj que recortan cada uno de nuestros días y lo hacen
semejante al vivido anteriormente, analizar y formular el caos puede ser tan placentero como un
agradable sueño erótico... o tan angustioso como una pesadilla. Pesadilla, sin duda alguna, si ya
nos hemos acurrucado en la tranquilizadora seguridad que proporciona el que todo esté en su sitio
cuando abrimos los ojos por la mañana, y el convencimiento de que todo seguirá estando en su sitio
cuando, por la noche, volvamos a cerrarlos. Seguridad, en suma, de que hoy no será sino otro ayer
que aún no ha sido devorado por la esfera del reloj. Pesadilla también, si nos es favorable que las
cosas sean precisamente como son, porque así hacemos nuestro agosto (aunque sea con las
miserias de los demás). Siempre se nos ha dicho, desde niños, que el caos era lo malo y que el Orden era lo deseable. Sin embargo, siempre hemos albergado el confuso sentimiento de que lo bueno y lo malo no se ordenaban, quizás, con tanta nitidez. Ese sentimiento era difícil de expresar porque se levantaban frente a él los más prestigiosos y temibles ídolos de nuestra civilización. La Ciencia no cesaba de descubrir el escondido Orden del Universo, y nos mostraba que lo que nos parecía confuso acababa por revelarse nítido y ordenado cuando se le escudriñaba con ojo científico. La Razón, gran dispositivo contra el caos y la locura, ponía Orden en el campo ideológico. La Sociedad ?civilizada? no era sino la introducción del Orden en el caos selvático de la naturaleza. Incluso los anarquistas reivindicaban ser la más alta expresión del Orden... Pero, repentinamente, los grandes ídolos de nuestra civilización han modificado su discurso. La Ciencia nos dice ahora que el caos y el Orden no son principios antagónicos; que el desorden es creador de Orden, que el desorden está en el interior mismo del Orden. La Razón descubre su complejidad, su versatilidad, y empieza a jugar con principios contradictorios y con ideas confusas. La Sociedad ?civilizada? admite que un exceso de Orden conduce a la asfixia por parálisis... Todo esto no legitima, ni mucho menos, a los ídolos de nuestra civilización, no hace que nos resulten más simpáticos, ni nos empuja a relanzarlos porque ahora digan cosas que nosotros ya intuíamos. Hoy esas intuiciones resultan más fácilmente expresables. El Orden como figura contrapuesta al caos se encuentra actualmente cuestionado y de eso va, precisamente, nuestra Carpeta. JESÚS IBÁÑEZ en su escrito El centro del caos, casi a la manera de la tradición pascaliana, reflexiona acerca del lugar en el que se halla ese centro, un centro de ubicación difícil dado lo complejo de la estructura que lo determina. Su estudio, que discurre entre diversas formulaciones del caos, permite realizar una constante traspolación entre lo político, la matemática y la experiencia de quien contempla un espacio escindido entre el Todo y la experiencia individual. Una metáfora inspirada en las imaginarias islas descritas por Rabelais sirve a MICHEL SERRES de punto de partida para buscar -¿delimitar?- los lindes del concepto occidental de caos; para el autor de La distribución del caos el Orden es un absurdo fluir artificial, contra-natura, ideado por el ser humano para codificar lo incodificable; la vigencia de la idea actual de caos, en el sentido de ?desorden?, resulta un anacronismo y reclama una nueva especulación. El resultado de la misma pone en entredicho todos los sistemas y formas de dominio que todavía siguen mediatizándonos. Precisamente este último pensamiento es el que ANTONIO ESCOHOTADO sugiere en Caos como regeneración política, desde cuyo texto pide una revisión de este concepto. ISABELLE STENGERS en Tortugas hasta abajo nos acerca con un poderoso texto a la reflexión, desde el punto de vista de la física, al papel, no siempre edificante, que la ciencia ha adoptado en torno a la cuestión que nos ocupa. La entrevista a JEAN PIERRE DUPUY, que lleva el elocuente enunciado Orden, desorden, autoorganización, pone asimismo en jaque la imparcialidad de la ciencia y revela la incapacidad de la misma ante el hecho de enfrentarse a una idea que se le antoja abstracta y que, sin embargo, condiciona objetivamente y de modo sustancial el devenir de los pueblos. Al respecto AGUSTÍN GARCÍA CALVO hace hincapié en ¡Caos!/1, recordándonos a todos quién emplea el vocablo ?caos? y con qué finalidad. El caos en el pensamiento mítico de EMMÁNUEL LIZCANO ayuda a explorar un aspecto muchas veces soslayado por la cultura occidental: la valoración y concepción del caos visto desde oriente, en este caso desde los confucianos y los textos taoístas, de los que el autor ofrece una amplia exposición. TOMÁS IBÁÑEZ en Sísifo y el Centro, o la constante creación del Orden y del Poder por parte de quienes lo cuestionamos interroga la figura del ?Centro? y el Orden que la sustenta, toda vez que avisa de la especulación de que es objeto el término ?caos? por parte de las estructuras del Poder. El mito de Sísifo le sirve como emblema para proponer una lucha que, debemos recordarlo, no tiene mayor finalidad que la de su propia acción. JAVIER SÁEZ en Caos y Tiempo aborda diversos puntos para un mismo propósito: pensar el caos. Y ofrece instrumentos para ello, como son la indagación histórica de lo que enunció la física en el primer estadio de su concepción, su evolución, la llegada de la termodinámica, las estructuras disipativas, etc., lo cual ha incidido necesariamente en las múltiples estimaciones que se han efectuado del concepto de Tiempo. Finalmente, SANTIAGO LÓPEZ PETIT en Las travesuras de la diferencia medita sobre los temas que trazan las líneas maestras de esta Carpeta. Visita la página de Suscripciones y Pedidos. Suscríbete, suscribe a un amigo o pide la colección completa de la revista. |
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