Promociones


PRESENTACIÓN CARPETA Nº 2:

El peso de la justicia

DELITO es, según los diccionarios y el común entender, toda acción que las leyes prohiben. Pero ¿qué prohiben las leyes? Como también todo el mundo sabe, las leyes prohiben los delitos. La tautología se instala así, como ya apuntara Hans M. Enzensberger, en el principio mismo de la Justicia, que escapa entonces del ámbito de la racionalidad para situarse directamente en el de la violencia. El mito del Estado de derecho apenas consigue velar su realidad desnuda: la del Estado de hecho, la del poder de los unos levantado sobre la impotencia de los más.

No puede ser, pues, propósito de esta Carpeta promover de un modo u otro formas más justas de Justicia, que por fuerza habrían de serlo de ajuste de las vidas de las gentes a la muerte de las abstracciones, sino denunciar algunos de los modos modernos de ajusticiamiento y, en todo caso, alentar una mayor holgura, un ensanchamiento de los espacios donde no sea necesario justificarse.. Tampoco es casualidad que las representaciones alegóricas de la Justicia la muestren blandiendo la balanza y la espada. Sus caminos oscilan entre la muerte por reducción a número (peso, medida, proporción) y por herida ciega. Nada más idéntico a sí mismo, nada más justo, que un cadáver. "El peso de la Justicia", que da título a esta Carpeta, no podía dejar de ser también una expresión tautológica.

Este viaje al corazón de las tinieblas del sistema judicial lo inicia Manolo Revuelta persiguiendo el hilo de su paradójico progreso en nuestras tierras, donde ha conseguido triplicar en diez años la población reclusa y doblar la proporción policías/habitantes sobre la media europea sin dejar de incrementar, al tiempo, una general paranoia de "inseguridad ciudadana". Oreste Scalzone, quizá el miembro más destacado, tras su, fuga de prisión, de la extensa comunidad de refugiados políticos italianos en Francia, denuncia la mentira del pretendido principio básico de igualdad ante la Justicia cuando el democrático Estado italiano institucionaliza dos justicias, según la previa categorización del inculpado. Su análisis es asimismo exponente de esa desgarradora transición (del marxismo-leninismo hacia actitudes neo-libertarias) que está viviendo buena parte del área de autonomía italiana, aquélla que se decanta por alimentar el tejido de la alternativa frente a la opción de confrontación armada.

Otra cara bien diferente de la mentalidad judicial es la que muestran las sentencias del Vaticano sobre anulaciones matrimoniales; los 376 motivos de anulación que la Santa Sede tiene previstos no sólo despliegan toda una administración propia del divorcio sino que generan, en su compulsión por encontrar siempre culpables individuales, toda una literatura tan abiertamente pornográfica como la que, no sin rubor, aquí reproducimos. La disolución de los derechos de los etiquetados como "enfermos mentales", en aras de esa otra cara de la misma moneda que son los deberes/poderes médico y judicial, la analiza el psiquiatra Enrique González Duro en la que viene a ser una actualización de su Treinta años de psiquiatría en España: 1956-1986.

Michel Foucault prolonga, en una entrevista inédita en castellano, su crítica de la institución y la racionalidad carcelarias que ya iniciara en Vigilar y castigar. Contra esa institución, verdad última de la judicial, también apuntan Mateo Seguí –quien, como a bogado, la sufre desde fuera– y Pablo Serrano, que nos remitió su carta desde dentro de la cárcel de Soria. José Antonio Nieto, antropólogo, revisa el conflicto entre normativa jurídica y comportamientos colectivos cuando de sexo se trata, para venir a centrarse en esa práctica, aun arraigada, de "justicia popular" que es la campanillá. Y al interior de las cárceles nos vuelve a remitir la charla –cuya transcripción merece recuperarse pese al tiempo transcurrido– de Agustín García Calvo, que en ellas ve materializarse la esencia de la Justicia como definición y clausura.

La abundancia de originales de interés para esta Carpeta ha animado a la redacción de Archipiélago a extender su contenido al nº 3 de la revista, que contara en esta sección con colaboraciones, entre otras, de Fernando Alvarez Uría (también aquí introductor de Foucault), Franco Basaglia, Tomás Pollán y Paul Ricoeur.

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