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PRESENTACIÓN CARPETA Nº 23:
Desde una perspectiva clásica, se suele decir que la cuestión de la subjetividad ha marcado la historia de la filosofía desde sus orígenes. Subyace en una afirmación de este tipo la idea de un sujeto esencial o trascendental, que busca una fundamentación de sí mismo por medio del pensamiento. A lo largo del siglo XX esta concepción metafísica del sujeto ha sido cuestionada desde diversas perspectivas, pero siempre manteniendo como referente inmóvil esa sombra en singular que llamamos sujeto. A esta sombra se ha superpuesto otra exitosa invención, vinculada a la aparición del capitalismo: el individuo, y su fundamento necesario, la identidad. Los efectos de este discurso en la disolución de los vínculos sociales están a la vista.Nuestro propósito es abrir un debate sobre la cuestión de la subjetividad acercándonos a ella desde sus límites. No se trata de asumir una teoría a priori del sujeto, ni de hacer una fundamentación del mismo, sino de su cuestionamiento a partir de esos bordes donde la subjetividad se desvanece, se disuelve, donde se muestra plural e histórica, o, incluso, vacía. Sujectum, “sometido, sujeto”; subjicere, “poner debajo”. ¿A qué estamos sujetos, o a quién sujetamos, de qué somos sujetos? Si somos sujetos, ¿cuál es nuestro objeto? Sujetos, ¿desde cuándo, y para qué? Archipiélago invita a navegar por este mar difuso y turbulento, a tirar nuestros mapas por la borda. Sujétense bien. En la travesía, un lugar vertiginoso es el del deseo. El artículo de GILLES DELEUZE (Deseo y placer) aborda las decisivas aportaciones de Michel Foucault sobre los dispositivos de poder, a partir de la renovación que introduce en su análisis cuando se distancia del Estado, de la represión y de la ideología como motores explicativos del poder. A su vez, Deleuze aporta algunas preguntas problemáticas sobre la obra de Foucault en relación con la subjetividad, y marca sus diferencias en la cuestión del deseo, ya que para Deleuze el poder sería precisamente uno de los afectos del deseo. Si para Foucault los dispositivos de poder tienen una relación directa con el cuerpo, en el artículo de ELOY PORTILLO y JUAN HARTZA (Los sujetos ante el mundo digital) se muestran algunos ejemplos de esta sociedad sin cuerpos que son las redes informáticas, y de las nuevas identidades emergentes en el terreno de la subjetividad a partir de las tecnologías digitales de la información. El texto nos previene contra los nuevos predicadores de la informática, promotores de un mundo virtual donde todo es posible siempre que no se pase a la acción. La división sujeto/individuo es cuestionada por PERE SABORIT (Del sujeto al individuo, o viaje alrededor de lo mismo), para mostrarnos que tanto la figura del sujeto moderno como la del individuo contemporáneo emergen de un mismo sustrato nihilista, aquel que se niega a aceptar la presencia del caos en el seno de la existencia humana. Esta depuración de la vida utiliza el argumento excluyente de la racionalidad para rechazar otras concepciones del mundo. CARLOS PIERA (Yo, literalmente) incide en la diferencia entre “sujeto” y “yo”, para abordar las paradojas que presenta esta última expresión (“yo”); en efecto, el término “yo” se resiste siempre a instalarse en una denominación o en una experiencia estables, a pesar de las tendencias que buscan otorgarle una identidad; el autor vincula esta vocación de identidad —entre otros factores— a la aparición de la comunicación escrita, y a la esperanza de una correspondencia entre escritura y contenido. Uno de los terrenos donde parecía que el sujeto era más incuestionable es la lingüística. ANDRÉS ENRIQUE ARIAS (Una definición pluridimensional del sujeto lingüístico) nos muestra que bajo la aparente simplicidad del sujeto gramatical existe un amplio debate para la definición de esta categoría, y que la separación entre objeto y sujeto no sólo da problemas en el campo de la ciencia, sino también entre los lingüistas. La solución a esta cuestión exige un acercamiento complejo, desde distintas dimensiones, y desde la comprensión de fenómenos que se dan en lenguas muy diversas. Si la lingüística estudia las estructuras del lenguaje humano, JAVIER SÁEZ (El sujeto excluido) muestra el precio que los sujetos pagan por hablar: en el discurso de la ciencia los avatares de los sujetos se omiten siempre, es un discurso depurado, sin fisuras, con un referente objetivo; precisamente el psicoanálisis se va a ocupar de escuchar al sujeto que la ciencia excluye, un sujeto parlante, que no puede dar cuenta de sí mismo, sin posibilidad de fundamento. Sobre esta imposibilidad, pero desde una óptica muy diferente, IGNACIO CASTRO (Enigma, orto de sentido) nos introduce en la apuesta nietzscheana del enigma, un enigma que retorna, y en cuyo torbellino habita, desgarrado, el sujeto; la renovación del discurso subjetivo incita a zambullirse en el devenir de la tierra, a la construcción de un sujeto creador y vital, a partir de una crítica implacable de los valores, asumiendo ese rasgo característico de los seres que es la voluntad de poder. Una persona que llevó lejos esta subversión del sujeto fue Jesús Ibáñez. FRANCISCO PEREÑA (Jesús Ibáñez: de la significación al sentido) expone aquí la posición —siempre problemática— de Ibáñez; su rechazo a las significaciones absolutas del sujeto social era precisamente su manera de reivindicar la lucha continua, la renovación incesante del pensamiento y de la acción social y política. Su estrategia de descentramiento tenía por objetivo socavar las identificaciones que el discurso dominante profiere. El ámbito de la sociología quedó irreversiblemente cuestionado a partir de la propuesta de Ibáñez: no hay análisis social sin crítica social. RAMÓN RODRÍGUEZ (Nihilismo y filosofía de la subjetividad) desarrolla la crítica radical que realizó Heidegger a los supuestos de la metafísica de la subjetividad; el nihilismo no quiere pensar en la esencia de la nada, y esta negativa toma su forma actual en el imperio técnico de la sociedad industrial, donde nuestro papel es el de ser meros objetos utilizables por la técnica. La estructura de emplazamiento heideggeriana nos desafía a pensar la política de otro modo, y a generar un decir nuevo que renuncie a la tradición metafísica y científica. Por último, una primicia: los fragmentos póstumos de FRIEDRICH NIETZSCHE (La creencia en el “yo”. El sujeto) que versan sobre el sujeto y el individuo tal como fueron agrupados en la edición de La voluntad de poder, traducidos con el acierto de siempre por Andrés Sánchez Pascual y en espera de la anhelada edición completa de las obras de Nietzsche. Visita la página de Suscripciones y Pedidos. 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