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PRESENTACIÓN CARPETA Nº 25:
Más viven del cáncer que los que mueren de él*
No pretende este número de Archipiélago adentrarse en los entresijos materiales de un campo que le es técnicamente ajeno. No es ésa su función ni competencia; no obstante, la mano de la Medicina, las operaciones de la Medicina, y el alcance del Estado Terapéutico tampoco se restringen a su campo propiamente científico y tecnológico, sino que en las llamadas Sociedades del Bienestar se han desbordado sus competencias tradicionales, y, tanto la Medicina como el Estado Terapéutico, no sólo se limitan al arreglo de los desperfectos de la vulnerable materia humana, sino que además, como ángeles tutelares, están bienintencionadamente dispuestos a procurar el bienestar y la longevidad de los ciudadanos, eso sí, si se acepta su Decálogo con la fe debida. Tal Decálogo incluye por supuesto olvidar de entrada que el Estado Terapéutico —ésa es su operación fundamental— se dedica a solucionar los problemas y desperfectos que él mismo produce, tal como el automóvil viene por supuesto a solucionar los obstáculos y las distancias que él previamente genera. La más alta Tecnología y el Sistema Hospitalario más adelantado —más cuanto más perfectos— no son signos de eficacia ni tranquilidad alguna para el ciudadano de la calle, sino más bien serían inequívocos signos de la hipocresía y mala conciencia del Régimen desplegando su ala guardiana y benefactora. La imparable fabricación de un mundo vertiginoso e insensato, en el que paradójicamente nada pasa —salvo la vana multiplicación tanto del riesgo físico de los cuerpos como del aburrimiento disimulado de las almas—, y donde nada se mueve —ya que lo único que de verdad se mueve es el Dinero—, requiere, sin duda, que se cierre el círculo de la mentira, presentando, al mismo tiempo, la naturalidad de la creciente barbarie y la inevitable cotidianidad de los accidentes de tráfico, junto al sórdido consuelo del espectáculo de la reparación, como algo necesario, conveniente y progresista (las televisiones de las Sociedades del Bienestar son pródigas en programas como En buenas manos y Servicio de Urgencia, donde se presentan a los médicos como los nuevos héroes reparadores, los demiurgos del Progreso). Es evidente el despilfarro en todo tipo de artefactos, pastillas, consultas, terapias, etc., inútiles todos ellos, cual insignificantes y cómicas tiritas, contra tan demoledoras construcciones de la enfermedad y el desasosiego. Este juego idiota, pero sangriento, de, por un lado, en nombre del Desarrollo (y de no se sabe qué insaciable Bienestar) envenenar primero a las poblaciones con la contaminación, enloquecerlas con los ruidos, triturarlas por las carreteras, secarlas en soledad de multitudes, consumirlas de avaricia y de miedo... (convenciéndolas, eso sí, de que es eso lo que ellas quieren y piden) para, por otro lado, después, o a la vez, acudir con las vendas reparadoras, no es el resultado de ningún plan maquiavélico de ningún torturador personal, sino que es la propia naturaleza o normalidad del Sistema la que con una mano lo hace todo rematadamente mal para poder con la otra mano aplicar tan costoso medicamento. Y en esta hora de la punta del Progreso del Régimen Demotecnocrático la mecánica fatal se multiplica sobre todo para poder descaradamente amortizar, aunque sea en parte, los dinerales multimillonarios de tanto aparato fabricado sólo para su venta. No es de extrañar que la más sagrada de las artes, la Medicina, se vea hoy perfectamente enredada e incapacitada de desprenderse de toda esa política económica poderosa y demoledora ante la cual aquel su primordial fundamento curativo y de servicio público para la salud y el bienestar humanos queda sofocado y perdido. Pero aun con esos tremendos impedimentos, bien sabemos que todavía hay médicos que ejercen buenos e intachables quehaceres, más atentos al paciente cuanto más descreídos de la Medicina. Vaya para ellos nuestro afecto y respeto. También hay muchos que, unas veces por trances desesperados, otras por la desidia de la rutina, han cometido, cometen y cometerán errores irreparables. Vaya también para ellos nuestra comprensión. Porque fácil nos hubiera sido preparar un número sobre errores de diagnósticos y atropellos hospitalarios, pero eso, aunque llamativo, es relativamente superficial: el error es el diagnóstico en sí, más erróneo cuanto más certero. No son sólo los efectos yatrogénicos sino antes de nada la propia causa. Son las abstracciones y la fe, la propia inflexibilidad de la creencia —la providencia de la teología médica— lo que queremos aquí cuestionar. No hay que distraerse con casos similares. Así pues, todos los textos que a continuación presentamos intentan, a su manera, lanzar un dardo —con más o menos puntería— a esa omnipotencia del Estado Terapéutico y a su Medicina triunfante —la que padecemos— modelo de fe dominante al que están condenadas todas las medicinas de este mundo. Abre esta “Carpeta” el artículo de UMBERTO GALIMBERTI (La enfermedad: entre el cuerpo y el organismo) donde se narra el surgimiento del poder taumatúrgico de la medicina a través del estudio del paso del cuerpo al organismo, es decir, gracias al influjo de una nueva realidad llamada enfermedad que transforma la vida de cada uno en historial clínico y cada uno de los avatares de la biografía en signos que acaban por no tener valor más que en el seno del monólogo de la medicina consigo misma. A continuación AGUSTÍN GARCÍA CALVO nos presenta, en Enfermedad, Política, Progreso, tres textos. En el primero (“Información y cáncer”) analiza las relaciones entre enfermedad y política, la inseparabilidad entre el cuerpo social y el cuerpo personal, la falsa distinción entre público y privado, para adentrarse en una sospecha bien fundada: las conexiones lógicas entre Información y cáncer. En el segundo (“La culpa de los virus”) abunda en la sospecha enlazándola con el apogeo en el Progreso del virus como representante último de la fe religiosa (creer en lo que no se ve) y reducto de la culpa, lo cual le servirá para plantear, en el último artículo, la cuestión de “Individuos y causas”. Bajo el título Contra el diagnóstico se agrupan tres textos preparados por ISABEL ESCUDERO, AGUSTÍN GARCÍA CALVO Y ROSSEND ARQUÉS —“Pronóstico, diagnóstico y otras profecías”, una “Entrevista a un especialista en Genética” (Dr. Víctor Volpini) y “La gravedad del diagnóstico”—, en los que se aborda, desde fuera y desde dentro de la profesión médica, la cuestión de la predicción y la posible predeterminación o predestinación de la enfermedad. A continuación, un texto de un profesional médico, psiquiatra (Dr. JUAN CASCO SOLÍS),Curar la salud, plantea el peligro o paranoia de una excesiva valoración de la salud o “salutismo” como doctrina o militancia positiva tan esclavizante como la enfermedad. Continuamos con un discurso inédito de IVAN ILLICH, Patogénesis, inmunidad y calidad de la salud pública (1994), donde, con voz radical y sin contemplaciones, continúa el autor, veinticinco años después de Némesis médica, su inquebrantable lucha contra el cuerpo quebrantado por la Medicina. Del mismo autor anunciamos la publicación en un próximo número del artículo La salud y la calidad de vida en la escasez (1984), que trata del poderío de la clase médica y muestra el inconveniente de una Medicina excesivamente rica en dinero, artilugios y organización, impedimentos que bloquean el ingenio y el trato con el paciente. De THOMAS SZASZ, que a todos nos ha enseñado a leer los signos de la prepotencia de la Medicina, tomamos unas páginas (La teología de la medicina) en las que sitúa en primer plano las consecuencias del escamoteo de una verdad de perogrullo, o sea, que la vida es inimaginable sin dolor, ya que la utopía de una humanidad libre de sufrimientos e inmune al dolor ha sido la escusa para hacer recaer sobre el individuo el peso del aparato sanitario y privarlo de toda libertad acudiendo a la hospitalización y al tratamiento forzados, gracias a la identificación de la medicina con el discurso y con las prácticas de la teología. Siguiendo los derroteros del paralelismo entre teología y Medicina, el artículo de JOSEP CANALS y ORIOL ROMANÍ (Médicos, medicina y medicinas: del sacerdocio al marketing) es, junto con el dedicado al diagnóstico, uno de los ejes básicos de esta “Carpeta”, dado que en él se analizan los factores culturales y económicos que han llevado la Medicina a convertirse en el negocio hospitalario-farmacéutico que controla nuestros organismos, a través de una serie de substituciones que van de la del cura por el médico o la de los remedios populares por los medicamentos hasta llegar al compromiso entre la teología y la técnica llamado “pragmatismo técnico”, gracias al cual la Medicina logrará imponer el actual modelo de práctica clínica y el control médico de los fármacos a través de la prescripción. Seguidamente viene una entrevista (Hamer contra Kramer) a un médico seguidor de la Terapia Hamer (Dr. JOSÉ NAVARRO MARCO), movidos por la curiosidad de ver qué es lo que tanto ha escandalizado a la Medicina Oficial y la esperanza de toparnos con algunos vestigios de contrafé más que por ninguna especial desviación a otra fe. ENEKO LANDABURU, siguiendo los criterios que inspiran la asociación Sumendi, denuncia en el artículo Por una sanidad más humana y ecológica el abuso y la prepotencia de la Medicina Oficial y de la industria farmacológica y, paralelamente, intenta encontrar posibles salidas, ni que sean pequeñas o parciales, a la medicina sintomática, parcial y consumista, para lograr que ésta sea más global y humana, los médicos más “amigos” y para que los pacientes participemos más activamente en nuestra curación. El tema de la “patologización” del cuerpo femenino como un remedo de la culpabilidad primigenia de Eva toma en la Medicina diversas caras. Una de ellas es la medicalización de la maternidad y su hospitalización: CASILDA RODRIGÁÑEZ y ANA CACHACEIRO presentan el tema Matricidio y Estado Terapéutico con una nueva y, a la vez, primitiva mirada. Finalmente el tema del dolor es abordado en dos textos: Dolor y nihilismo médico , en el que ENRIQUE OCAÑA nos presenta una visión del cuerpo cuarteado objeto de la desesperación médica resuelta en escritura, su reverso hecho verso, y Médicos y enfermos, unos fragmentos inéditos de ERNST JÜNGER, seleccionados y traducidos con el acierto de siempre por Andrés Sánchez Pascual, donde se hurga en el arcano del cuerpo enfrentado al dolor —lucha de guerreros cuerpo a cuerpo— pero unidos ante el intruso que acecha al arcano. Y finalmente unas Notas sobre el psicoanálisis (realizadas por nuestra redacción) esbozan su posible operación disolutoria de la conciencia —y por ende de la enfermedad— celebrando que se mantuviera en su acción meramente negativa y no se someta a la Ciencia Psiquiática. Bien nos hubiera gustado que esta “Carpeta” contemplase detenidamente —por su gravedad y urgencia— el fenómeno del sida. Pero es precisamente por su importancia, y, sobre todo, por tratarse de un tema tan maltratado, tanto por la Ciencia y sus Investigadores como por la Información, por lo que su tratamiento aquí no puede ni debe ser a la ligera. El tema del sida será objeto de una subcarpeta en un próximo número. Mientras tanto, en el artículo de Eneko Landaburu os adelantamos algunas direcciones de asociaciones que al menos tratan de escarbar algo más hondo que los tópicos habituales que nos sirven todos los días y que no valen más que de circuito de retroalimentación de la Idea, una Idea —como pocas— fabricada a conciencia e inflada de Información. Y, para terminar, deciros que aunque sea verdad que la enfermedad y el dolor continuarán haciendo de las suyas, indiferentes a nuestra desesperación y sordos a nuestros razonamientos, y que aunque humildemente reconozcamos que la muerte ya estaba inventada antes que tú y yo nos habláramos, al menos neguémonos a que nos la administren tan abundante como engañosamente: ¡Salud! NOTAS * Graffiti recogido de los muros de un hospital oncológico de París hecho por los propios enfermos. Visita la página de Suscripciones y Pedidos. Suscríbete, suscribe a un amigo o pide la colección completa de la revista. |
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