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PRESENTACIÓN CARPETA Nº 32:
Pensar con sonidos y no con palabras. Éste sería, según Hegel, el lenguaje ideal, y GUIDO MORPURGO TAGLIABUE nos muestra a través de una metáfora, de una pugna entablada entre Nietzsche y Wagner, los prismas de la música, la complejidad de ese lenguaje en el que acaso lo sintáctico prevalece sobre lo semántico y cuya capacidad de transformación constituye su propia esencia. Después de Nietzsche es el fruto de un gran ensamblaje de ideas, la voluntad de reconocer que las formas de la música culta y de la música de consumo tienen en común una “fusión con la totalidad de la vida”. Una obra concertante, una sencilla canción, los mecánicos compases del rock, tienden a lo dionisíaco, lo frenético, lo trágico, a “una experiencia de lo trágico sin duda domesticada”, pero guiada al fin por un impulso liberador que paradójicamente ha conducido a lo que el propio Nietzsche propugnaba: retornar al origen de la música, a su danza, a la salvación. Pero el regreso a dicho origen ¿es todavía posible? La música de masas, la influencia comercial y las corrientes étnicas, entre muchos otros factores, han dibujado un paisaje que el filósofo alemán no podía imaginar. ¿Sólo cabe un retorno condicional, desde la nostalgia? La propuesta, algo ingenua, del autor de La genealogía de la moral ha vuelto a aparecer hoy “a través del filtro de un gusto barbárico” que él no podía sospechar. Precisamente la memoria, sus infinitos pliegues, son los que van abriéndose en Boulez, Proust y el tiempo: ocupar sin contar, un espléndido texto de GILLES DELEUZE, que propone un movimiento contrario, trazado en diagonal, entre lo vertical del paisaje (armonía) y la linealidad (melodía) del trayecto. El adentramiento en los lenguajes sin tiempo de la música, la narración y la poesía, induce precisamente a la no-necesidad de una vuelta al origen, porque el pasado y el presente adquieren múltiples direcciones que no apuntan a un centro: Proust, Char, Michaux, Boulez, argumentan la multidireccionalidad que el compositor explicitó en Le marteau sans Maître.J.A. GONZÁLEZ CASANOVA, en su artículo Gustav Mahler y Theodor W. Adorno: (im)posibilidad del milagro, ofrece una visión de Mahler alejada de los convencionalismos. El maestro, que abrió caminos a la Escuela de Viena, ha llegado hasta nosotros condicionado por la impronta crítica de Theodor W. Adorno; desmadejar esta idea y ampliar los perfiles del músico son los propósitos del autor en este texto, en el cual refuta el trágico y “agónico nihilismo” impuesto por aquél, frente a esa encarnación de la utopía que supone la música mahleriana, cuya fuerza contribuyó al estallido de la tonalidad que iba a llegar una generación más tarde. ¿Que sucedió tras la detonación? CARMEN PARDO recompone en Discurrir sobre nada: reflexiones en torno a John Cage, los fragmentos de aquella escisión, y lo hace a través de la radical figura de Cage, que desestimó el postserialismo como vía y propugnó la “revolución del silencio”, lo absoluto del espacio. Sin Cage no pueden explicarse las más recientes vanguardias, deudoras del azar y de la nada, en jaque con la tradición... pero una cosa es la tradición y otra el más grotesco rostro de una cultura musical tradicionalista, personificado en El negocio de los divos, un divertido artículo de JAVIER PÉREZ SENZ, en el que los intérpretes, divinos tiranos que ya desesperaron a Händel y Addison, son el punto de mira. Los cantantes líricos se llevan la palma —y los dineros—, tres tenores, frente a directores de gesto esperpéntico, repiten con sus gorgoritos multimillonarios un repertorio acartonado, cuya reincidencia es capaz de conmover a un público empeñado en no conocer otra música. En torno a Prometeo, título bajo el cual se recoge una conversación entre LUIGI NONO y MASSIMO CACCIARI, es un diálogo lúcido y apasionante en el que se analizan algunos de los puntos clave de la música: la recepción del material sonoro, su capacidad metamórfica atendiendo a los distintos espacios en que se emite, los secretos acústicos, el silencio que abre “otra posibilidad”, el color, la sabia aportación de los maestros del pasado y la nueva tecnología, reclaman otra suerte de audición, otro modo de pensar la música. La transmisión del jazz es un itinerario histórico emprendido por ANDRÉS ENRIQUE, cuya andadura nos acerca a uno de los géneros musicales más característicos de nuestra cultura. Nacido a finales del siglo XIX en Estados Unidos como fusión de elementos africanos y occidentales, su historia está ligada a una situación de discriminación y marginación sufrida por el pueblo negro americano. Sin embargo, la vitalidad de su música no sólo le ha valido la permanencia, sino que ha influido en muchos compositores de vanguardia, guiados por la capacidad rítmica y por las técnicas de la improvisación, sobre las cuales se cimientan muchas partituras de música contemporánea. Por otra parte, CLAUDIO ZULIAN, en Webern: un momento de la composición deductiva, nos acerca al sistema creativo de uno de los más decisivos compositores del siglo XX, tanto por la asimilización del dodecafonismo como por los caminos que su serialismo indicó. La negación de la ciencia como última verdad y la natural acomodación de su lenguaje a los procedimientos más extremos, son rasgos consustanciales del maestro que provocó una definitiva fractura en la música de Occidente. Los músicos que han elaborado su arte al abrigo de esta propuesta son hoy día los protagonistas de la vanguardia: entre sus nombres encontramos el de GABRIEL BRNCIC. En la Entrevista concedida a Archipiélago aborda con detenimiento los más variados aspectos musicales: desde la popularización, no siempre bien entendida, de un arte que busca en la continua transformación su propia esencia, hasta el hecho comunicativo y la abolición del pensamiento metódico heredado del siglo anterior. La necesidad de adoptar nuevos discursos, la defensa de la libertad técnica, la aportación de la informática, la disolución del artista como transmisor de sentido, llaman a la puerta de un nuevo modo de entender y escuchar la música, de aprehender el sonido, su abstracción, en toda su amplitud. Y fue una nueva forma de escuchar la música la que propuso en su momento Franz Schubert, miembro de una genealogía de maestros que han concebido la música como lenguaje absoluto. La paradoja llega cuando ese lenguaje se asocia a un texto, a una narración. ¿Cómo salvar el conflicto? En Schubert, los lugares de la voz, RAMÓN ANDRÉS refiere que el espacio de la voz, integrado ya en la totalidad de la composición, es decir, en la abstracción del código instrumental, ha suplantado al propio texto. Ello no sólo se manifiesta técnicamente en los aspectos compositivos, sino también en la arbitrariedad con la que Schubert se acercaba a la poesía: poetas menores, mediocres incluso, junto a nombres ilustres como los de Goethe y Novalis, conforman un catálogo de canciones cuya paradoja consiste en haber dado múltiples ideas a la música instrumental posterior. Tientos para una epistemología flamenca. Metáforas del saber en el cante es un sugerente artículo de MARIBEL MORENO y EMMÁNUEL LIZCANO, quienes nos acercan a una de las expresiones musicales más apasionantes: el cante sabe nombrar el mundo de forma distinta, implica un conocimiento, un estar en la metáfora, un modo distinto de construir —no sólo musicalmente— el pensamiento. Finalmente, en sus Aforismos sobre música, ÉMILE M. CIORAN observa en “esa disciplina de la disolución” una superación del lenguaje, de las palabras que no le salvaron, como él manifestaba, del oprobio de no ser músico. Visita la página de Suscripciones y Pedidos. Suscríbete, suscribe a un amigo o pide la colección completa de la revista. |
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