Promociones


PRESENTACIÓN CARPETA Nº 33:

Entre las ruinas de la Economia/ La «pura» suciedad

Es el propósito de la presente “Carpeta” enviar algunas ráfagas de luz hacia las ruinas interiores de la propia economía como disciplina y, a la vez, subrayar su relación con aquellas otras ruinas que ocasiona en nuestro entorno ético, social y ambiental el sistema de gestión que impera en el mundo. Es ésta una tarea difícil y comprometida, porque la copiosa literatura económica que se publica resulta inabarcable hasta para los mismos economistas, máxime cuando la inflación de textos ha corrido paralela con la especialización temática y grupuscular que se observa en el mundo académico y con el recurso a la formalización matemática y al empleo de una terminología cambiante que se revela cada vez más esotérica para los legos en la materia. Nuestro propósito apunta, más que a cartografiar este laberinto, a dar una idea de algunas de las debilidades y extravagancias que encierra referentes al grueso de lo que podríamos llamar la economía normal o estándar que predomina en el mundo académico, e incluso, en ocasiones, a algunas de las corrientes críticas de ésta.

Paradójicamente, tras la creciente complicación y formalización que acusan los desarrollos más valorados de la economía estándar, se esconde un claro reduccionismo o jibarización conceptual, que simplifica el discurso económico y reduce su objeto de estudio a aquello directamente relacionado con el intercambio mercantil y los valores pecuniarios. Pero, a la vez, este discurso previamente recortado extiende sus aplicaciones hasta los últimos confines de la experiencia, actuando para ello a modo de rey Midas que convierte en mercancía todo lo que toca, a base de aplicarle la vara de medir del dinero para someterlo a la lógica unidimensional coste-beneficio. Por otra parte, a medida que se extiende esta lógica, auspiciada por el capitalismo, y que la economía gana importancia en la sociedad, sus complicados desarrollos se revelan cada vez más inoperantes para aclarar y resolver los principales problemas que la gestión plantea en el mundo actual, lo que nos hace reflexionar sobre la inoperancia del saber de esta rama del conocimiento tan acreditada dentro de las ciencias sociales.

El artículo de JOSÉ MANUEL NAREDO (Sobre la función mixtificadora del pensamiento económico dominante) señala cómo la economía ha ido socavando su propio estatuto de disciplina científica racionalizadora de la gestión, a medida que fue ganando peso su función apologética del sistema de gestión que se impuso con la civilización industrial. La función mixtificadora del pensamiento económico dominante resulta aun más engañosa puesto que esconde su potente carga ideológica tras oropeles de racionalidad científica. Desvelar estos aspectos resulta esencial para caer en la cuenta de hasta qué punto el racionalismo parcelario que propone la economía estándar sirve más para sostener esquemas y actuaciones que se revelan globalmente irracionales, que para gestionar los problemas que originan.

El texto de WASSILY LEONTIEF sobre La economía académica advierte cómo ésta se distancia cada vez más de la cruda realidad económica, para entretenerse en afinar sus instrumentos de análisis y en ejercitarlos en aplicaciones poco relevantes. Este autor, galardonado con el Nobel en 1973, afirma que el rey de la economía académica “está desnudo”, pero ninguno de los cortesanos “parece saberlo, y los que lo saben no osan decirlo”. La potente voz de su experiencia se une a la de algún otro observador tan privilegiado como Ronald Coase, también galardonado con el Nobel de economía en 1991, que denunció, en su discurso de recepción del premio, la necesidad de “disminuir ese elegante y estéril teorizar tan comúnmente encontrado en la literatura económica [...] para dar paso a estudios que aumenten nuestra comprensión de cómo funciona el sistema económico real”. Sin embargo, estas voces parecen clamar en el desierto, porque el reto resulta demasiado fuerte, dado el proceso de jibarización mental antes mencionado que aqueja al grueso de la economía académica. En efecto, una vez reducido el razonamiento económico al universo unidimensional de los valores pecuniarios o de cambio, resulta difícil insertar en él los problemas complejos del mundo real y, si se consigue, es a costa de reduccionismos tales que limitan seriamente el interés de los resultados. Los problemas normalmente complejos y plagados de interdependencias que la gestión plantea tienen que ver con conflictos de poder en los que están implicados valores, instituciones, ecosistemas, etc., y reclaman a gritos enfoques abiertos y multidimensionales. Pero estos enfoques rara vez alcanzan a proponer una gestión que se estime científicamente óptima: ayudan a comprender los problemas, pero suelen dejar abiertas las respuestas. Lo cual es un tema tabú para un conocimiento cerrado y parcelario habituado a dar soluciones “óptimas” mediante razonamientos coste-beneficio. Los practicantes de la economía estándar no tienen pudor a la hora de reducir los problemas y de trivializar la preguntas con tal de darles solución, al margen de la gente. Pero se resisten a plantear problemas importantes para los que se teme no encontrar solución en su campo de razonamiento habitual.

Especialmente revelador resulta el diagnóstico que hace RENÉ PASSET del mundo académico. Su artículo sobre El “eslabón perdido” del debate económico subraya la falta de diálogo que se observa entre los practicantes de la economía estándar y las corrientes críticas, y evalúa las posibilidades que ofrece la “nueva microeconomía” para establecerlo. Posibilidades que dificulta la “deriva instrumental” en la que esta “nueva microeconomía” se ve inmersa, al desplazar su atención desde la realidad objeto de estudio hacia los instrumentos matemáticos de análisis.

Las vidas paralelas de Félix Candela y Nicholas Georgescu-Roegen, de MARIANO VÁZQUEZ ESPÍ, aportan un breve homenaje póstumo a dos grandes pensadores de nuestro siglo que cometieron el pecado de trascender los enfoques parcelarios que la ciencia “normal” establecía en sus respectivos campos de estudio (el cálculo de estructuras y la economía), buscando racionalizar la gestión desde perspectivas más amplias y transdisciplinares. La reacción del mundo académico, que silenció sus aportaciones más interesantes y críticas e hizo que el reciente fallecimiento de ambos no pasara por las “autopistas de la información”, desvela el ambiente jerárquico y discliplinario que se respira en las comunidades científicas.

El artículo de ANTONIO ESTEVAN (El nuevo desarrollismo ecológico) analiza cómo la “economía y la política ambiental” han conseguido capear la protesta ecologista, sin necesidad de corregir un ápice las tendencias al deterioro ecológico global que se venían criticando. El maquillaje terminológico y la bruma conceptual, sembradas para hacer creer que la propuestas ecologistas tenían ya cabida en el discurso políticamente correcto del sistema, fueron pieza clave en esta tarea y la “economía ambiental” tuvo buena parte en ella. Cuando arreciaron las críticas que resaltaban la inviabilidad física del crecimiento económico, la propuesta del “desarrollo sostenible” desvió la atención del problema, tendiendo un puente inusitado entre conservacionistas y desarrollistas y desatando un “nuevo desarrollismo” que ya admite la etiqueta de “ecológico”, tal y como reza el título de este artículo, que ejemplifica el contenido mixtificador de la nueva ciencia de la gestión en la forma de lidiar con las precupaciones ambientales de la población: resulta más rentable para las empresas que gobiernan el mundo invertir en imagen verde que hacerlo en reconvertir sus instalaciones y menos aún en revisar el sistema de gestión imperante. Se ha consolidado, en suma, lo que Beck denomina “política simbólica de descontaminación”, que consiste en que los gobiernos, plenamente instalados en la irresponsabilidad organizada, dedican cada vez más dinero y “expertos” (de dudosa legitimidad) a negar que existen problemas y a descalificar a aquellos que señalan su existencia.

La entrevista a GAR ALPEROVTIZ (“El sistema es así...”) ofrece un apoyo importante a los problemas tratados en los artículos. Resulta revelador que una persona con tan amplia experiencia política y académica como el entrevistado asuma como algo evidente la tendencia al deterioro ecológico y a la polarización social que opera hoy en el mundo, así como la imposibilidad de modificarla sin modificar al sistema que la origina. Alperovtiz considera “que todo el mundo sabe que esto es una obviedad”, pero subraya “la diferencia que existe entre lo que es una obviedad y lo que la gente está dispuesta a decir en voz alta. En parte lo que tiene que suceder es que la gente hable en voz alta de lo obvio. Y, en cierto modo, la comunidad académica y la comunidad intelectual son las principales responsables de este silencio [...]” Hablar en voz alta de “lo obvio” (hasta ahora silenciado) sería así la primera condición para poderlo reorientar.

El breve texto de DONELLA MEADOWS, Dos futuros, uno difícil y uno fácil, reflexiona sobre la disyuntiva entre el horizonte de deterioro ecológico y polarización y crispación social antes mencionado hacia el que nos arrastra con “facilidad” el statu quo, y la “dificultad” de avanzar hacia otro que se revele más ecológica y socialmente saludable.

Los Diálogos akadémicos sobre el oikos retoman en clave de humor buena parte del panorama descrito en los artículos de este dossier, llevándolo a situaciones tan extremadamente realistas que se vuelven altamente surrealistas. De esa manera, en la documentación manejada por los “compiladores” FEDERICO AGUILERA, JOSÉ MANUEL NAREDO y JUAN SÁNCHEZ, se mezclan de forma inapreciable la realidad y la ficción, ayudados por el manejo de esa “realidad virtual” a la que se accede por Internet, para expresar mejor la sensación de un mundo académico a la deriva, donde el saber científico y su difusión docente son objeto de prácticas comerciales.

Por último, ha parecido oportuno cerrar la tarea de desbroce crítico aclarando, con ánimo constructivo, lo que puede y no puede hacer la ciencia cuantitativa para orientar la toma de decisiones con vistas a la gestión. Aspecto, éste, esencial cuando, como reacción a los excesos pseudocuantificadores de la economía estándar, existen corrientes críticas que se definen como cualitativas o que subrayan la inconmensurabilidad y la incertidumbre de los fenómenos objeto de estudio, dejando implícitamente al “enemigo” el ancho campo de la ciencia cuantitativa. El artículo de MARIANO VÁZQUEZ ESPÍ (Valores, medidas y teoría de la decisión) tiene la virtud de puntualizar estos extremos, señalando que las pretensiones de ciencia cuantitativa de la economía estándar suelen carecer de fundamento. Y que “una vez puesta al descubierto la falacia oculta tras la medida única del agregado monetario, la necesidad de medir y cuantificar no sólo no desaparece, ¡se multiplica! Pues las distintas magnitudes que quedaron mezcladas en las “cuentas” monetarias deben evaluarse ahora por separado, deben salir a la luz” y relacionarse con otras. Este proceder, a la vez más claro y complejo, ayuda a considerar la toma de decisiones como un proceso abierto, evolutivo, no reductible ni explicable por el pensamiento científico ordinario y, por ende, a incentivar la participación de la gente. Un proceso de decisión en el que la consideración de los aspectos cuantitativos no debe de estar reñida con la de los cualitativos, ni la de los causales y reversibles, con la de los inciertos e irreversibles, para los que ha de regir el principio de precaución (evitando la puesta en marcha de procesos cuyas consecuencias se desconocen). Pero todo esto presupondría que se empezara a “hablar en voz alta de lo obvio”, desterrando la “política simbólica de descontaminación” antes mencionada, más preocupada por ocultar la realidad para gestionar que por informar sobre ella.

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