Promociones


PRESENTACIÓN CARPETA Nº 34-35:

De espacios y lugares: preocupaciones y ocupaciones/ De átomos, realidad y ciencia: la actualidad de Epicuro y Lucrecio

Mientras que el espacio se desprende de la realidad mundana y forma

un ámbito propio ricamente configurado, el tiempo se hunde

en la experiencia de los medios consistente en paquetes prefabricados

y repetitivos, convirtiéndose en una serie de intervalos inconexos.

N.K. Hayles, La evolución del caos

Después de haber dedicado, en el nº 10-11 de Archipiélago, una “Carpeta” a Pensar el tiempo, pensar a tiempo, le llega su hora al espacio y los lugares. A estas alturas resulta ya un tópico no sólo la crisis y fatiga de los tiempos modernos —con sus concepciones del Progreso, la Historia y, en general, los grandes relatos emancipadores—, sino también la creciente presencia de un pensamiento cartográfico que reivindica el protagonismo del espacio y los lugares, su complejo juego de oposiciones y conflictos ontológico-políticos, como clave para comprender lo que llamaremos nuestra situación presente. Para muchos autores, como Gehlen, la vieja dimensión moderna del futuro ha dejado de existir y, con ella, toda una tradición de temporalidad: aquella nostalgia del futuro tematizada por Bloch y Horkheimer. Vattimo y otros autores, como Baudrillard, insisten en una extraña sensación de posthistoria al menos por lo que respecta a la épica que había definido, hasta ahora, el êthos de Occidente.

El espacio contemporáneo se convierte, paradójicamente, —y aquí es donde puede leerse su relevancia económica para el llamado tercer estadio en el desarrollo del capitalismo— tanto en un conglomerado vertiginoso de localidades heterogéneas, inseminadas por diferentes regímenes de temporalidad a distintas velocidades (el turn over time del Capital que muestra, a menudo, sospechosas afinidades electivas con el surgimiento de identidades locales), como en el dominio de la Red que permite universalizar, en tiempo real, el mundo global de las comunicaciones prescindiendo, aparentemente, de las viejas barreras espaciales.

Las cartas están echadas: por un lado el network de la inmediatez comunicativa concede al espacio global, controlado por los flujos del capital financiero, un aura de accesibilidad alucinatoria: se nos dice que, por fin, podemos verlo todo, sentirlo todo y conocerlo todo sin movernos de nuestro lugar; por otro lado, no es menos cierto que esa misma tecnología desnaturaliza la identidad profunda de los lugares tradicionalmente vinculados a la revelación de la Verdad del hombre, de su habitar y de su pensar.

J.Á. GONZÁLEZ SAINZ inicia esta “Carpeta”, merodeando, en El merodeador, por las Tierras Altas de Soria, meditando, tan breve como lúcidamente, sobre el lugar y el habitar los lugares que también nos habitan, la memoria y el olvido.

IGNACIO CASTRO, en Altares de tecnología punta, de la mano de un Jünger y un Heidegger, siempre presentes, denuncia, brillantemente, las nuevas tecnologías de la información y de lo espectacular que, como expresiones del Capital, acaban con la experiencia de lo sagrado disolviendo toda alteridad de lo imaginario en un presente plano y manipulable, produciendo personalidades opacas alejadas de toda experiencia verdaderamente humana.

PABLO DE MARINIS, en La espacialidad del Ojo miope (del Poder). Dos ejercicios de cartografía postsocial, persigue cartografiar las nuevas sociedades del control (postpanópticas) cuya clave ya no reside tanto en la producción de identidades al modo weberiano-foucaultiano (racionalización y disciplina) como en nuevas estrategias pseudomiopes que usan políticamente los espacios urbanos para mantener zonas de exclusión/inclusión; entrando, de esta guisa, en la puesta a punto de nuevas/viejas tecnologías de poder crecientemente espaciales y situativas.

LUIS CASTRO NOGUEIRA (El espacio/tiempo social: fragmentos de ontología política) plantea un modelo para la investigación de la experiencia individual y colectiva, local y global del espacio/tiempo social en diálogo con Castoriadis, Foucault y Bourdieu. Finalmente, presenta los principales factores que, en su opinión, determinan esa nueva ontología política espacio/temporal que nos es contemporánea.

IVÁN ILLICH, en La reivindicación de la casa, propone una vuelta al arte de habitar que se ha perdido en las grandes megalópolis. Frente al alojamiento en viviendas planificadas y carentes de toda huella personal, el autor nos invita a recuperar una vida comunitaria creadora de espacios auténticamente habitables. Habitar es la reivindicación de un derecho tan remoto como olvidado por la mayoría de los hombres.

IGNACIO GÓMEZ DE LIAÑO, MARIANO H. DE OSSORNO y LUIS CASTRO NOGUEIRA conversan, en primer lugar, acerca De espacios mentales, imágenes y razones, después discuten en torno al espacio y la mirada occidental, para rematar con unas consideraciones críticas sobre el arte y el espacio.

NORMAN BRYSON (La pintura Ch’an: mirando un campo que se dilata) trata de relacionar la representación del espacio, propia de nuestra cultura, con ciertas características —un punto paranoides—de la mirada moderna (centrándose en Sartre y, singularmente, en Lacan). Su pretensión es la de relativizar nuestro espacio pictórico y nuestras estrategias ópticas comparándolas con otros espacios y miradas: en este caso los de la pintura Ch’an (y su técnica de la tinta esparcida), que disuelve tanto al objeto como al sujeto, en un ámbito o campo espacio/visual que se abre en todas direcciones creando la experiencia de un vacío o sunyata infinitamente alejado tanto de la perspectiva cartesiana como de la posición de un sujeto que, ilusoriamente, constituye el mundo en el acto de mirarlo.

CHRISTIAN FERRER, en Desierto, catastro y espacio técnico, desarrolla, al hilo de ciertas, cáusticas, observaciones sobre el proceso de urbanización en Argentina, una reflexión despiadada sobre el espacio técnico, el imaginario de la Red y la voluntad de poder.

CHANTAL MAILLARD (Lugares sagrados: el espacio sonoro de la India) explora el imaginario espacial de la India centrado en un magma metafísico/religioso en cuyo seno el Principio Absoluto o Brahman es la sílaba primordial. Se dibuja, de este modo, una ontología de vibraciones, de seres tan acústicos como sagrados, de mantras y omnipresentes campanas. Con una plasticidad y ligereza narrativas muy de agradecer, la autora se inspira en sus experiencias personales en ese subcontinente (Benarés, en especial), para contraponer esa experiencia de los lugares sagrados hindúes con los orígenes de nuestro propio imaginario occidental, fundamentado en una Visión (Ideîn) y un espacio concebido en términos estrictamente visuales.

MARIANO H. DE OSSORNO (Fragmentos para una reconstrucción del texto literario como espacio formal del secreto) interroga en este bello e irónico texto el espacio de la escritura en diálogo con Blanchot y Foucault. Pero a Ossorno le interesa, fundamentalmente, la relación entre escritura y espacio del secreto. Por ello sus interlocutores son el Dupin de La carta robada, la Sherezade de Las mil y una noches, el Dreyfus del Yo acuso (Zola) y hasta, ¡ay!, el Perote de los Papeles del Cesid.

JUAN DIEZ DEL CORRAL (Algunas notas sobre la cuestión de las periferias) también acude a un Heidegger, mediado por Severino, para localizar el momento histórico en el que se pierde la noción de lugar como verdad o alétheia donde se revela el ser a los hombres en una plenitud perdida. Los siguientes veinticinco siglos son variaciones urbanístico-metafísicas dominadas por las categorías de centro y periferia que tienden a solaparse con las de cosmos y caos, ciudad y naturaleza. El autor critica, implacablemente, algunas conocidas propuestas para evitar ese binomio que caracteriza el imaginario occidental: el Ensanche de Cerdá; la Ciudad jardín de Howard y la Ciudad lineal de Arturo Soria. En último término todas ellas no serían más que variaciones en torno a una catástrofe: la pérdida de una noción de lugar ajena al espacio y vinculada al ser de las cosas.

MANUEL ÍÑIGUEZ (Tiempo y sitio como materiales del proyecto en Schinkel y Aalto) apuesta y defiende —frente a la pretendida autonomía del objeto arquitectónico que ocupa un lugar— una arquitectura enraizada en un proyecto urbano colectivo, múltiple y complejo; abierto no sólo al pasado sino también a un futuro que se inserte en una temporalidad ubicada y, por tanto, respetuosa con la ontología histórica de los sitios y lugares. Schinkel y Aalto ilustran, pese a sus diferencias estilísticas, una misma voluntad de construir integrando lugares y temporalidades: un arte arquitectónico que se abra a la vida de los hombres en toda su riqueza y diversidad escapando al control único y soberano del Arquitecto.

Ángel Rivero Recuenco (Territorio versus planificación: metáforas del desarrollo) desvela los sutiles tejidos metafóricos que perduran en los proyectos de desarrollo regional o local. Tomando como objeto de su análisis el “Estudio para el desarrollo socioeconómico de la comarca del Bierzo” (elaborado por el Ayuntamiento de Ponferrada en 1993), demuestra cómo bajo las etiquetas postmodernas de crecimiento “endógeno”, “local”, “sostenible”, “autocentrado” o “verde” se siguen manteniendo, en plena forma, los viejos modelos políticos característicos de la modernidad que hunden sus raíces en complejos mitológicos que se remontan a los orígenes de nuestra civilización. De este modo, con cierta saludable perversión nietzscheana, el autor traduce la seducción de los discursos sedicentemente verdes y locales al complejo entramado de metáforas que le confieren su auténtico sentido: metáforas de guerra, enfrentamientos, procesos, potenciales... que, en último término se disuelven en vetustas oposiciones como activo/pasivo, fuerte/débil, dinámico/estático, centro/periferia, vida/muerte.

¿Fue Auschwitz una ciudad? no es una reflexión metafísica sobre los campos de exterminio concebidos como urbes, sino un ácido y riguroso intento de responder a la célebre pregunta de Adorno. Arturo Leyte apunta hacia una compleja genealogía de las condiciones históricas que hicieron posible una ciudad (Auschwitz) tan funcional como limpia y eficaz: la cuantificación de la existencia (estadística); el definitivo ocaso del individuo y el triunfo de la planificación, fenomenos que —no por casualidad— siguen fundamentando el urbanismo contemporáneo.

COLIN WARD (La casa anarquista) enfría, desde el inicio, las posibles resonancias demasiado edificantes del título con la advertencia de que toda arquitectura revolucionaria —por no hablar del arte en general— ha sido en el último siglo patrimonio de la burguesía. Desde sus inicios, en Kropotkin y Proudhon, ha existido una tensión irresuelta a la hora de pensar no sólo el habitáculo sino también el habitar libertario. Si “la propiedad es un robo” los okupas deben, en algún paradójico sentido, defender el lugar okupado. Y Proudhon mantuvo siempre —frente a los comunistas— el derecho a la posesión y control de la tierra por los campesinos como piedra de toque de la libertad. Siguiendo al arquitecto belga L. Kroll y a W. Segal, partícipe de la comunidad anarquista de Tessin (Suiza), sería mejor referirse a un modo de construir controlado por los usuarios (lo cual nos recuerda las posiciones de Iván Illich expuestas supra). Es posible para una comunidad prescindir de los expertos utilizando, cooperativamente, sus propias ideas junto con materiales sencillos y baratos.

ISABEL ESCUDERO, en ¿Fuera de lugar?, cuestiona la irracionalidad de los garantes del supuesto Estado del Bienestar, al no apreciar la utilidad civil de las ocupaciones que, a menudo, reconstruyen y dan nueva vida a viejos caserones o palacios abandonados. Por el contrario, los gobiernos reprimen con especial dureza las ocupaciones al considerarlas una enmienda a la totalidad de la Sociedad del Dinero, del Despilfarro y del Progreso Progresado.

La carpeta termina con una carta de ALBERTO ADSUARA (El autorretrato de Lequeu. Carta a Joseph K) en la que, a su peculiar modo y manera, el autor merodea, tan hermética como sugestivamente, sobre los media, el arquitecto Lequeu y el autorretrato.

Visita la página de Suscripciones y Pedidos. Suscríbete, suscribe a un amigo o pide la colección completa de la revista.