Promociones


PRESENTACIÓN CARPETA Nº 48:

Crisis y mutaciones del trabajo

Urge trazar algunas coordenadas que puedan conformar un debate de envergadura sobre las mutaciones acaecidas en los últimos 30 años en el mundo del trabajo. La ausencia de ese debate sólo puede alimentar el despiste político de las gentes que buscan todavía un mundo más justo e igualitario. Por eso Archipiélago ha decidido dedicar uno de sus números a este tema desde nuevas alternativas de análisis y otras perspectivas. Los discursos abstractos sobre el trabajo, ya sean elogiosos o críticos, no sirven más que para mantener encendidas algunas ilusiones mientras nos barren el suelo bajo los pies: es tan inútil considerar hoy el trabajo como única fuente legítima de los derechos sociales, cuando la misma sociedad del trabajo lo elimina y degrada progresivamente, como denunciarlo como origen de todos los males, sin captar realmente qué significa hoy trabajar, cómo se hace, bajo qué condiciones, etc.

Parece cada vez más difícil afirmar con rotundidad algo en este ámbito, salvo quizá eso, que el trabajo ha perdido sus contornos precisos, que se mezcla con otras dimensiones de la actividad humana, que varía a gran velocidad, que ha estallado en mil formas distintas. Algunos hablan por ejemplo del "fin del trabajo", convencidos de que los procesos de automatización vuelven superflua (tendencialmente) la participación humana. Pero, ¿no parece igualmente acertado hablar de que cada vez se trabaja más y más tiempo, en modalidades inéditas que intensifican de forma brutal la jornada laboral, hasta hacerla a veces coextensiva con el tiempo total de la vida (recordemos, por ejemplo, que en Inglaterra se han popularizado los "contratos de trabajo a tiempo cero", que obligan al empleado a pasear diariamente un móvil hasta que sea requerida su presencia en el lugar de trabajo)?

El régimen de fábrica europeo estalló en los años 80. ¿Quién lo hizo estallar? ¿Acaso la contestación de amplios sectores de la población que rechazaban una vida sometida a los ritmos dictados por las cadenas de montaje, o bien las dinámicas de autovalorización capitalistas que veían en ese modelo un obstáculo a su reproducción ampliada? En todo caso, la mutación se ha llevado por delante los compromisos adquiridos por la clase obrera en la época fordista tras décadas de luchas (pactos sociales, Estado del bienestar, estándares altos de consumo), y ha introducido nuevas tendencias determinantes: existencia de "empleos" que no permiten superar el umbral de la pobreza (los llamados working poors); intensificación del fenómeno crónico de la ausencia de empleo (joblessness) que concierne sobre todo a los jóvenes, privados de un trabajo estable que permita cierta identificación social; descentralización productiva de las grandes empresas que reduce cada vez más el núcleo central y aumenta el número de subcontratados en un modelo de "círculos concéntricos"; expansión de la miniaturización de la empresa hasta la forma de empresa individual, cuya consecuencia es la ampliación del trabajo "autónomo" (independiente), etc.

Para desentrañar la madeja que compone todo este proceso, José Manuel Naredo hace un recorrido por el proceso de formación de la noción actual de trabajo, y revela algunas de las razones de sus crisis. Esa crisis disemina el trabajo por todo el cuerpo de la sociedad: incrusta con violencia los fragmentos en un tejido social que se resiente, disuelve las fronteras tradicionales entre producción y reproducción. Ése es el tema del artículo de Susana Narotzky y de ahí parte también la denuncia de la confusión entre amor y dinero de Isabel Escudero. Pero, igualmente, esa crisis quiebra las formas colectivas de oposición al aumento de la explotación laboral, intentando reducir a los individuos al estado de "partículas elementales". Así pueden leerse los textos de Robert Castel, César Rendueles, Ubaldo Martínez Veiga o la entrevista a Richard Sennett. Por otro lado, Paolo Virno, estudioso de la inmensa conmoción psíquica y material del paso del fordismo al postfordismo, se acerca ahora a esa gran transformación mediante una perífrasis filosófica sobre el lenguaje y la curiosidad. Ulrich Beck nos llama a rechazar el imperialismo de los valores del trabajo, imitando el ejemplo de los Parados Felices alemanes, y Pierre Bourdieu se esfuerza en desvelar la doble verdad del trabajo: objetiva (la explotación) y subjetiva (la inscripción en el mundo que tiene lugar a través del trabajo). En la interesante entrevista que presentamos, André Gorz profundiza las implicaciones que lleva consigo la propuesta conocida como "renta básica", que pretende distinguir entre vida y trabajo concediendo un salario a cada ciudadano por el mero hecho de existir, un ejercicio ahora más necesario que nunca cuando algunos partidos políticos la incorporan sospechosamente a sus programas mutilándola de todos sus contenidos y reduciéndola a una clásica "ley de pobres". Y al fondo de todo esto, como recordatorio que siempre ha de estar presente de cuál es el horizonte que preside la sumisión total de la vida a trabajo, Paz Moreno escribe sobre los campos de concentración, y su colofón necesario: el exterminio. Más que suficiente para afrontar con redobladas energías críticas la eterna vuelta del mes de septiembre. ¿Por última vez?

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