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PRESENTACIÓN CARPETA Nº 50:
Archipiélago llega a su número 50 —que se dice pronto— intentando volver a poner sobre el tapete de la reflexión el tema de las relaciones entre Literatura y Filosofía. El tema de la tensión entre esas dos formas hoy ya fundamentalmente de escritura que son la Literatura, en particular la narración, la ficción —para más tarde nos reservamos el poder plantear más específicamente las relaciones entre Poesía y Filosofía—, y la Filosofía propiamente dicha o el ensayo filosófico, entre la escritura que cuenta, que refiere sucesos e historias de personajes en determinados momentos y lugares (o aspira a referirlos), y la escritura que analiza, que racionaliza y conceptualiza. Entre la lógica del relato y el relato de la lógica, entre el lógos y el mito, por señalizar de alguna forma el terreno en que esas dos modalidades de escritura se han encontrado o desencontrado, se han tendido la mano o rehusado hasta el saludo. Pues ni estas disciplinas, que han ido moldeando progresivamente sus respectivas especificidades, nacieron alejadas la una de la otra ni se han mantenido siempre a distancia, sino que se gestaron en parte entreveradas y a su entreveramiento recurren en determinadas ocasiones. A veces, es verdad, se dan la espalda ruidosa y ostentosamente, despreciándose y acusándose recíprocamente de tramposas, y otras veces se perdonan la vida o incluso salen a su encuentro. Sobre todo eso ocurre en algunas épocas de crisis, en los momentos históricos de baja forma de una y otra en que, al revisar sus fundamentos y sus fragilidades, vuelven al crisol común del lenguaje que las hace posibles. Se habla entonces de novela filosófica, de literatura de conocimiento, o bien la filosofía echa mano de textos literarios concediéndoles carta de naturaleza en las alturas del pensamiento. Los conceptos no son más que metáforas, se dice, los tropos literarios el funcionamiento mismo del lenguaje con que se piensa. Nietzsche y Wittgenstein vuelven el pensamiento del revés como un calcetín, y Dostoievski o Thomas Mann meten a la literatura en lo que para otros son camisas de once varas. La Filosofía ama saber, busca la verdad (aunque la verdad de esa búsqueda pueda ser a lo mejor que no hay verdad que valga) y su tarea es la tarea del conocimiento, de lo que ha de probarse las veces que haga falta y sobre lo que a lo mejor se puede edificar. Aunque de los resultados de algunos de esos edificios bastante sabemos todos o debiéramos saber. La Literatura, en cambio, ama representar, crear o plasmar formas y figuras, imágenes, e hilarlas en el tiempo, ama relatar, trasladar o tal vez inventar, disponer de nuevo. Dos formas a lo mejor de dar cuenta de nuestras ansias y temores, de nuestro ser y estar en el mundo y del ser y suceder de las cosas del mundo, dos formas de comprender o de producir o hacernos ilusión de comprender, ¿dos formas de contar? Así que el saber ¿es algo que compete sólo a la Filosofía o algún papel le cabe desempeñar también en ello a la Literatura? Y si es así, si se puede hablar de que hay algo en la literatura que pugna decididamente por el conocimiento, ¿se trata de un papel menor y ancilar, de soporte o que necesita ser sostenido, o bien de un papel incluso estelar a su modo? ¿O bien lo propio de la literatura es sólo distraer, ayudar a matar el tiempo, apartar con historias de mil y una noches la sentencia de la muerte? ¿Será a lo mejor otra la forma de conocer de la Literatura, otro su saber? ¿Qué es pensar como escritor y no como ensayista o filósofo?, ¿cómo piensa la narración o qué es pensar narrando, si es que lo suyo fuera también pensar o tender hacia un conocimiento?, ¿cómo es el conocimiento que depara una narración o bien el conocimiento del que dispensa? ¿Puede haber un ámbito común de las distintas escrituras, la narrativa y la filosófica?, ¿hay una transversalidad fecunda, un terreno de encuentro, o bien hay sólo subsidiaridad y es la Filosofía la que manda, la que dice la verdad o bien la que legitima dejando sólo a los escritores, a algunos escritores o artistas, las migajas de la fama para que se crean que son algo sin ser más que matarratos? ¿Cuáles son o han sido las implicaciones políticas de estos desplazamientos o posturas? A algunas de estas preguntas y a otras más tratan de responder, o bien de volver a plantear o plantear mejor, cada uno a su modo, los autores que hemos congregado. Algunos de ellos son filósofos y ensayistas (Félix Duque, Eugenio Trías, Miguel Morey, Manuel Barrios, José Luis Pardo, Francisco José Martín), otros son novelistas con incursiones en el ensayo literario (Enrique Vila-Matas, José María Guelbenzu, Belén Gopegui) y otros reúnen las dos facetas de narradores y ensayistas (Félix de Azúa, Rafael Argullol, Ignacio Gómez de Liaño, Fernando Savater, Julio Quesada) y otros, en fin, no quieren ser ni una cosa ni la otra, como Agustín García Calvo o Isabel Escudero, aunque escriban narraciones y obras ensayísticas o filosóficas. Todos ellos han meditado sobre sus propias prácticas y los modos en que esas prácticas se relacionan con el asombro y el desvelamiento del mundo y con las prácticas vecinas que también han aspirado a dar cuenta del mundo y la vida del hombre, de sus mecanismos, dolores y misterios, a lo largo de los siglos y en nuestro momento. Y todos ellos —algunos pocos por primera vez en nuestras páginas y los más colaboradores habituales de ellas a los que Archipiélago debe su pervivencia y el favor del público— no nos cabe duda de que se encuentran entre lo mejor de la escritura filosófica o de creación en nuestra lengua. Pues hemos querido también, en este señalado número 50, además de tratar el tema que nos ocupa con la complejidad, rigor y la diversidad de miras a las que siempre aspiramos, dar asimismo una muestra señera de dos o tres generaciones de ensayistas y escritores de nuestro país, y destacarlos a la atención de los lectores a la vez que les agradecemos la colaboración que durante todos estos años han prestado para la creación y el mantenimiento de este espacio independiente de reflexión, crítica y planteamiento que es, y que con el concurso de colaboradores y lectores seguirá siendo, Archipiélago. Visita la página de Suscripciones y Pedidos. Suscríbete, suscribe a un amigo o pide la colección completa de la revista. |
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