Promociones


CARPETA Nº 57:

EL AGUA: UN DESPILFARRO INTERESADO / AUTOR: ANÓNIMO

EL AGUA: UN DESPILFARRO INTERESADO

Agua, territorio, economía y medio ambiente son temas que están hoy en estrecha relación y, como tales, han de ser tratados en esta “carpeta”.

Hasta épocas relativamente recientes, la especie humana adaptó su existencia a las disponibilidades de agua en un doble sentido. Por una parte, la población se asentó en lugares que contaban con agua de calidad. Por otra, los aprovechamientos agrarios y los estilos de vida se adaptaron a las disponibilidades de agua de los territorios. Se pensaba que el agua fluía libremente, como el sol, y que, al igual que éste, podía derivarse hacia los circuitos de la vida para favorecer la fotosíntesis o los usos antrópicos. Pero no se estimaba posible, ni deseable, alterar drásticamente las vocaciones de los territorios, ni hacer que las poblaciones habitaran en zonas desérticas. En este contexto, el agua era considerada como un bien “libre” o “no económico”, es decir, excluido del carrusel de la producción y del consumo que configura la noción usual de sistema económico. Muestra de ello es que, pese a ser el agua la principal materia prima en tonelaje que interviene en la fotosíntesis, no se consideraba entre los “factores de producción” recogidos en los anuarios del Ministerio de Agricultura, como tampoco figuraba la energía solar, aunque sí la electricidad, los carburantes… o los tratamientos.

Sin embargo, la civilización industrial no solo multiplicó la población, sino que rompió con su tradicional adaptación a las disponibilidades de agua en el doble sentido antes mencionado, originando una sensación de escasez y una presión sobre el agua sin precedentes. Con el agravante de que esta presión invalidó, por sobreexplotación y contaminación, una cantidad de agua muy superior a la efectivamente captada y usada, secando o contaminando las fuentes tradicionales de “aguas libres” utilizadas desde épocas inmemoriales. Con lo cual el abastecimiento de la población y de sus actividades dependió cada vez más de complejas operaciones de captación, bombeo, conducción y tratamiento, que hicieron del agua un “bien económico” productible, consumible y, por lo tanto, facturable, ganando peso los negocios relacionados. Nuestro país es un buen ejemplo de esta espiral en la que el divorcio entre los usos y las dotaciones de los territorios, unido a la mala gestión del agua, crean cada vez mayores daños ecológicos y “déficits” hídricos, que justifican crecientes operaciones de captación, impulsión, conducción y producción de agua, alimentando los negocios relacionados con todas estas operaciones.

Este contexto generó voces críticas que tratan de cortar esta espiral de producción y despilfarro de agua, de negocio privado y deterioro público, anteponiendo la economía del agua al negocio de las obras y los abastecimientos hidráulicos. Voces a las que nuestros gobiernos siguen haciendo oídos sordos, al quedar atrapados en el conglomerado de intereses que ampara la política de promoción de obras hidráulicas que se viene arrastrando desde hace un siglo. Política que culmina con el Plan Hidrológico Nacional 2000 (PHN 2000), que el gobierno ha defendido con una voluntad y un despliegue propagandístico dignos de mejores causas. El empeño de sacar adelante este Plan, tan plagado de contradicciones y sin sentidos en lo tocante a la gestión del agua, se explica por el conglomerado de intereses que lo apoyan, unido al afán de “vertebrar España” a base de acentuar la dependencia de los territorios “autónomos” de infraestructuras hidráulicas unificadas.

La presente “carpeta” empieza situando la cuestión del agua en el contexto más amplio de la ordenación del territorio y los estilos de vida, con el artículo de Leandro del Moral Ituarte. Se reflexiona después sobre la actual “encrucijada de la gestión del agua en España”, como reza el título del artículo de José Manuel Naredo, desvelando tanto las sinrazones del PHN 2000 como la trama oculta que lo impulsa. Así, el texto de Antonio Estevan “levanta la tapa” de “la olla del Plan Hidrológico”, el artículo de Carlos de Prada revisa su “racionalidad oculta”, y el de Federico Aguilera Klink pasa revista al componente autoritario propio de la actual política de promoción de obras hidráulicas, frente a la naturaleza más participativa de la “nueva cultura del agua”, en la que debería tomar cuerpo una gestión que velara mejor por la economía del agua como recurso. Por último, Juan Manuel Ruiz García traza un mapa general de la “privatización del agua” en el mundo y Ramón Germinal discurre sobre las metáforas del agua como símbolo de vida en un relato estremecedor.


AUTOR: ANÓNIMO

Dedicamos el número 55 de Archipiélago a pensar y discutir si la concepción y la legislación actuales de la propiedad intelectual protegen y estimulan verdaderamente la creación y la libre circulación de ideas y saberes. En el corazón de ese debate hay una cuestión crucial que elucidar: ¿quién crea?, ¿qué significa inventar algo? Sabemos que la noción restrictiva de copyright se apoya muchas veces en la figura del “artista individual”, un tipo genial que no debe nada a nadie y al que se asocian “derechos de propietario”. ¿Existe verdaderamente algo así, existió alguna vez? ¿O más bien oculta y simplifica los mecanismos verdaderos de la creación, siempre sociales y colectivos? La razón común de estos artículos es la puesta en cuestionamiento del concepto de “Autor” tal y como se usa y consume en la Cultura culta. Frente al bien configurado e intocable dominio del término en la Realidad dominante, se exponen y manifiestan, tanto por vía de la lógica como por vía de la experiencia creadora, algunas razones y hechos que demandan, por amor a la verdad, una disolución de la idea de Autor o que, al menos, suponen un intento de dejar ver sin tapujos sus contradicciones. En el fondo que se abre a través de este cuestionamiento, podemos intuir por un momento otra realidad (que debería llevar aparejada otra legislación, otros dispositivos materiales y legales de protección): no existe el “artista individual y propietario”, a los genios los expele, como el polen, la salud de los pueblos.


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