CARPETA Nº 60:
TELEVISIÓN: LA MIRADA EN CONSTRUCCIÓN
El panorama de los flujos comunicativos que invaden la esfera mental de la sociedad está cada vez más densamente poblado de señales. La gran mayoría de estos flujos de signos que alcanzan nuestra percepción y nuestro cerebro viene de las grandes corporaciones, gigantescas organizaciones económicas, publicitarias, comerciales: el imperio de Murdoch (Sky, Fox, innumerables periódicos locales en Australia y Gran Bretaña), el imperio Berlusconi, el imperio Microsoft, el imperio de la aol Time Warner, y luego toda una serie de vasallos locales, grandes y pequeñas mafias que dominan secciones locales del éter comunicativo global. Se trata de un sistema de poderes diversos, que tienen naturalmente intereses económicos particulares, pero todos convergen en algunas líneas de fondo. Todos concuerdan sobre los principios del liberalismo económico, la privatización de los recursos y los servicios. La mente pública está cada vez influida, y de modo más fuerte, por la economía, por sus leyes arbitrarias que se pretenden eternas y naturales.
Por eso, la impresión que recabamos observando día a día la televisión en sus mil canales es la de una conquista definitiva de la mente humana, un auténtico cableado del cerebro colectivo que transforma progresiva e ineluctablemente la materia social en una suerte de máquina gobernada y dirigida por automatismos psíquicos, culturales, conductuales. La ocupación absoluta del sistema televisivo por los propietarios del mundo pretende asediar todo instante de la atención colectiva, llenar cada milímetro del espacio visual en el que navegamos cotidianamente, infiltrar todo pensamiento y todo sentimiento del cuerpo social. ¿Cómo nos roba la televisión el espacio y la palabra?, ¿cómo secuestra nuestra experiencia y nuestro presente?, ¿cómo anula la distancia necesaria para ejercer el pensamiento crítico?, ¿cómo nos despoja de nuestras imágenes esenciales?, ¿qué mirada construye la televisión y, por tanto, qué tipo antropológico fabrica?
¿Hay alguna vía de salida, alguna posibilidad de fugarse al destino que el gran capital monopolista ha establecido para la humanidad, esto es, que la democracia se transforme sólo en una puesta en escena, cuya escenificación está escrita toda ella en los guiones de Berlusconi, Murdoch y en los flujos luminosos de las imágenes publicitarias?
En los márgenes del sistema oficial de la comunicación han comenzado a difundirse fenómenos de nuevo tipo, televisiones vinculadas a los movimientos sociales y globales contra el neoliberalismo y la guerra. Un número creciente de personas ha comenzado a usar las tecnologías de la comunicación como instrumentos para crear espacios comunes. Lo que ha ocurrido en Internet en la segunda mitad de los años 90 podría repetirse en el conjunto de los flujos comunicativos. Esas iniciativas, desplazadas siempre en los debates tradicionales sobre la televisión entre apocalípticos e integrados, son factores importantes de propagación de un sentimiento, de una impaciencia, de un deseo de autonomía de la comunicación con respecto al poder, a la guerra y al dominio de las corporaciones globales.
Los propietarios del mundo que han puesto las manos sobre la mente colectiva son ultrapotentes y sus mentiras pueden manipular y someter los sentimientos y la opinión de millones de cerebros humanos. Pero puede suceder algo, una imagen, una palabra, una canción... y se incendia la pradera. Ése es el deseo que sostiene la mirada de este número de Archipiélago que el lector tiene entre manos: reivindicamos el derecho a la comunicación como espacio público dando la palabra a las voces críticas y a las experiencias alternativas. Sólo desde ahí se construirá el debate colectivo y las condiciones sociales a partir de las cuales será posible incluso exigir a las instituciones públicas que hagan sus propios deberes democráticos, que no consisten en hablar en lugar de los ciudadanos, y menos aún en conceder a grupos de prepotentes el derecho de invadir y privatizar el espacio público, sino en permitir que los ciudadanos se expresen, intercambien mensajes, creen núcleos de atención, puntos de encuentro mediático y, en definitiva, asuman la comunicación como un dato activo y no mudo, pasivo, obediente.
Visita la página de Suscripciones y Pedidos.
Suscríbete, suscribe a un amigo o pide la colección completa de la revista. |