CARPETA Nº 82: Imre Kertész: Premio Nobel de Literatura, escritor de segunda fila
El año 2002 se concedió inesperadamente el Premio Nobel de Literatura a Imre Kertész, "por una obra que conserva la frágil experiencia del individuo frente a la bárbara arbitrariedad de la historia". Era el primer húngaro que lo obtenía; él, que en mayo de 1986 había escrito en su Diario de la galera:
Siempre seré un escritor húngaro de segunda fila, ignorado y malinterpretado; la lengua húngara siempre será una lengua de segunda fila, ignorada y malinterpretada [...] porque la cultura húngara siempre se considera de segunda fila, ignorada y malinterpretada. Lo que hago es una ilusión, y en ello derrocho mi vida, que es asimismo una ilusión. A pesar de todo, como un insecto que en seguida se pone a transportar material de construcción con sus antenas, aunque el hormiguero haya sido pisoteado, inundado, etcétera, yo también empiezo, una y otra vez, una frase, una construcción. ¿Quién me ve? ¿Dios?
Dios ve ya muy poco... y Kertész lo sabía. En el discurso de recepción del premio insistió en que "después de Auschwitz, nos hemos quedado solos", esto es, sin Dios, sin moral, sin religión del amor, arruinado el cristianismo. Él asumió hace tiempo esa soledad y la consagró a la escritura. Probablemente sea su conciencia radical de nuestro abandono lo que le convirtió en paladín del particular frente a la barbarie y el absurdo del totalitarismo, del que ha conocido en sus carnes los campos nazis de concentración y el comunismo vario de Hungría desde 1948. Tal fortuna y su entrega radical al cuestionamiento le han ayudado a indagar en el vertedero de los hombres hasta hacerse perito en extrañeza, en la inhospitalidad de este mundo "tras de Auschwitz". Del cual con su obra literaria es testigo. Pues Kertész es antes que nada escritor. Y su obra es una de las pocas que nos vuelven a recordar lo que muchos antes que él han tenido que volver a recordar: que el sentido de la literatura, el sentido del arte está en su contribución a la existencia humana, en lo que de expresión y acicate tengan. A veces es difícil discernir lo que anima y lo que divierte, lo que empuja la vida y lo que la distrae, desviándola. No hace falta ser Pascal para entender que mucha diversión suele ser mera enajenación, ¡sabe Dios al servicio de qué intereses! La de Kertész es literatura -término que a él no le gusta mucho- que piensa, pero es literatura, obra de ficción, llena de verdad pero también de humor, de juego y de goce de la palabra, de la lengua, que, al fin y al cabo, es medio y elemento de nuestra vida, o pudiera serlo...
Hasta los años 90, efectivamente, Kertész no pasaba de ser "un escritor húngaro de segunda fila". Con la caída del comunismo comenzó a hacerse conocido en Alemania, a través de la cual fue luego extendiéndose su nombre, traduciéndose su obra. Gracias al Premio Nobel somos unos cuantos más los que tenemos presente a Imre Kertész en nuestras estanterías y en nuestra memoria, en lo más vivo y cordial de la memoria. Ciertamente, no es Kertész un escritor que deje indiferente. Quizá sea ésa también una razón de su lento entrar en el conocimiento de las gentes aficionadas a la buena literatura. En castellano, gracias a la persistente labor de la editorial Acantilado, lo tenemos casi casi al completo; Sin destino, su primera y más famosa novela, probablemente por encuadrarse, mal que bien, en la llamada "literatura del Holocausto", aun cuando venga a reventarla, va por la sexta edición, desde que apareciera en dicha editorial en 2001 (antes, en 1996, a la vez que en Alemania, la había publicado Plaza&Janés). Su última obra, Dossier K., parece que se está vendiendo bien.
En cualquier caso, y aunque es probable que ya haya en nuestro país alguna tesis doctoral sobre su obra, lo que sobre Kertész se ha escrito son esencialmente reseñas; y se le han hecho entrevistas. En el ámbito de las lenguas occidentales no se encuentran más que dos libros dedicados enteramente a Imre Kertész, ¡dos!, uno en alemán, traducción de otro en húngaro (en que, por supuesto, hay más), y otro en inglés, editado en Estados Unidos. Diría que éste es el primer monográfico en español que se ocupa de él.
Sin precedentes que orientaran o limitaran, nos ha parecido que lo mejor era dar una idea varia de su obra, que para muchos lectores será como quien dice de presentación. Así, hemos acudido a las diversas aunque escasas fuentes de que se dispone. Contamos con la colaboración de dos importantes escritores húngaros, de dos recientes doctoradas, una asimismo húngara, otra francesa, del traductor por antonomasia de Kertész en castellano, amén de la aportación de dos profesores de estética. Algunos artículos tratan de obras concretas: Sin destino (el de G. Spiró), Dossier K. (el de J. Aspiunza); otros se centran en asuntos concretos: el de S. Molnár, en la ironía kertésziana, el de A. Kovacsics, en la elección existencial de la escritura, cuestiones ambas fundamentales; el de L. Földényi es un repaso particular y lucisídimo de "todo Kertész"; y, por último, los de M. Peguy y M. Iriondo son sendas comparaciones con J. Semprún y S. Márai, dos referentes esenciales para situar a Kertész. Además, cuenta este número con una entrevista que Imre Kertész concedió a Archipiélago y unas páginas extraídas del último libro suyo, publicado en septiembre de 2007 en España. Todo ello, junto con una serie de fotos del álbum personal del escritor, creemos que puede contribuir a dar una idea relativamente rica del escritor y el hombre.
Hemos de agradecer su generosidad y amabilidad a B. Aspiunza y a J.M. González por las traducciones; a R. Steinicke y C. Kettmann de Rowohlt Verlag, S. Träger y V. Doerfler de la revista du-Zeitschrift für Kultur y a S. Masferrer de la editorial Acantilado por su disponibilidad y atención; and last but not least, a A. Kovacsics, sin cuya múltiple colaboración este número no sería el mismo.
Me gustaría dedicar este cuaderno monográfico a J.Á. González Sainz.
JAIME ASPIUNZA (coordinador de esta monografía)
Del lado de la alegría
Del último libro escrito y publicado por Imre Kertész, Dossier K., autobiografía sui generis de quien ya era Premio Nobel, hemos seleccionado las páginas más personales de recuerdo del padre y de la madre. En ambos casos, sobre todo en el del padre, el escritor hace justicia, ofreciendo aquí un cuadro más completo que en otros lugares, a la ambigüedad de los afectos que unen y separan -¡ay, la familia!- a los padres y al hijo. Son, por eso, el mejor contrapunto al resto de su obra. Pero Dossier K. es muchísimo más rico y complejo; viene a ser un ajuste de cuentas del escritor con toda su obra habida hasta el momento, un cierto colofón. En el artículo siguiente, "Dossier K. o la alegría de la lengua", J. Aspiunza trata de situar el sentido de la "autobiografía" respecto de la obra y la vida de Imre Kertész, incidiendo sobre todo en dos aspectos que parecen en él fundamentales: el engarce vital de la escritura, y la consiguiente ruptura o fusión de los géneros (literarios), motivos ambos que, entre otros más conocidos, han ido configurando la tan especial particularidad de su obra.
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