Promociones


CARPETA Nº 83-84:
ESTADO CRÍTICO

Hemos dedicado este número a la Crisis, porque, al parecer, el mundo entero ha entrado en “estado crítico”. No sólo los que han estado desde siempre en crisis, pero que como ellos no sabían el diagnóstico, se llamaban sencillamente pobres, sino los que gozaban de rozagante salud y ahora están de viático. Habría que distinguir entre crisis y crisis..., pero parece que no, que el Orden dominante tan afanado desde siempre a establecer distancias y clases entre sus súbditos, bajo el Régimen del Bienestar quiere democratizar también el Malestar y nos mete a todos en la catástrofe que el propio Régimen ha fabricado.

Hemos seleccionado una serie de textos que tratan de analizar desde diferentes ángulos y estilos el fenómeno de la Crisis, su gestación, su alcance, sus mentiras...

Si por una vez al menos nos decidimos a dar cuenta de la rabiosa actualidad no es para sumarnos al barullo informativo, sino para entresacar de la actualidad lo que tenga de eternidad, lo mismo que cuando hurgamos en la eternidad es para vislumbrar mejor la actualidad:

Empezamos este número en una detallada descripción de Fernando Álvarez-Uría que titula “Regreso A Bretton Woods”, en la que va dando cuenta del proceso “cómo la ciencia económica se desvinculó de la economía política”. Va anotando las relaciones y las prácticas de esa sostenida confusión hasta mostrar la necesidad de que, al menos, se aproveche la Crisis para que la ciencia económica recupere su verdadera naturaleza de economía política al servicio de sociedades más justas.

José Manuel Naredo continua con un fino y analítico texto titulado: “Ideología económica, crisis y deterioro social” en el que de entrada nos avisa de que sobre las palabras del lenguaje ordinario se arman conceptos, enfoques y teorías que interpretan la realidad olvidando sus raíces ideológicas originarias. Se olvida también que si un determinado enfoque ilumina o subraya determinados aspectos de la realidad, por fuerza, lo hace a costa de soslayar otros que deja, así, inestudiados.

Sigue Enmanuel Lizcano haciendo una pormenorizada y aguda enumeración de “Las narraciones de la crisis”, rastreando las metáforas de uso más usual por la prensa: ¿Cómo nos han contado la crisis? ¿Cómo es presumible que nos la sigan contando? La cuestión no es baladí, pues las narraciones sobre la crisis forman parte de la crisis misma...

José Luis García Rúa en un texto: “¿Agonía, o capitalismo grado x?” da una vez más muestras de su empeño y firmeza moral en dedicarse a dar cuenta y razón de la opresión de la gente por parte del Estado y el Capital. Con la destreza que caracteriza a un crítico y comprometido analista social, nos avisa de las artimañas de los “provocadores” de la Crisis que no la han emprendido para hundir al Capitalismo, lo que sería hundirse a sí mismos, sino para, ante las fuertes resistencias internas, forzar al Sistema a seguir nuevos derroteros.

Sigue, José Luis Velasco con: “Socialismo de estado y de capital” en el que también desde una voz anarquista, en tono predicativo y desmandado, va desgranando unas cuantas imprecaciones o notas acerca de la Crisis o cuando los remedios agravan la enfermedad.

A continuación Agustín García Calvo nos advierte —con la claridad que le caracteriza— de “Las mentiras de la crisis”, por si a alguno nos quedara todavía una pizca de Fe, a la par que establece una decidida inclusión de los fines en los medios, desvelando así la falsa ilusión de los hombres, que se creen ellos manejadores del dinero.

Isabel Escudero en “Las cuentas de dios”, intenta situarse desde lo más abajo, que es a su vez lo más alto: la mentira misma del dinero. Todos los billetes son falsos. Nos lo hace ver desde los ojos de un niño que mira asombrado a su madre sacar dinero de las paredes...Y concluye que si el Papa —que es especialista en la Fe— cambió meses antes de la Crisis los dineros del Vaticano por puro oro... ya estábamos avisados de lo que se avecinaba.

Por último, Alain Badiou (“¿De qué real es espectáculo esta crisis?”) y Slavoj Zizek (“Lucha de clases en Wall Street”) proponen en enunciar la crisis de tal modo que no sea un pretexto para un reajuste de los poderes (“hay que apretarse el cinturón”), sino una posibilidad de intervención política desde abajo.

Theodor W. Adorno: el pensamiento como acto de negación

¿Un pensamiento incómodo? Sin duda. Que la reciente celebración del centenario del nacimiento de Theodor W. Adorno (1903-1969) despertara en los profesionales de la industria cultural de nuestro país una inusitada cantidad de insultos puede ser la confirmación más superficial, pero también más sintomática, de ello. Las acusaciones se han hecho tan recurrentes como inoperantes para calibrar el alcance de su obra: elitista apocalíptico frente a la cultura de masas, deliberadamente hermético en su escritura, atroz pesimista… Su distancia con respecto a la intervención política y su concepción del análisis teórico como praxis le hacen asimismo sospechoso a ojos militantes. Tampoco esa otra fatal fortuna a la que parece abocada la recepción de su legado, la de los especialistas adornianos, exegetas y defensores a ultranza de su pensamiento, parece especialmente fértil.

Este conjunto de textos pretende más bien poner en tensión el “campo de fuerzas” —por utilizar un término del propio Adorno— que constituye su ingente obra, precisamente ahora en proceso de publicación íntegra en español, y de ese modo activar un pensamiento que se extiende desde la filosofía a la crítica cultural, desde la sociología a la estética de la música. Un pensamiento que para Adorno, y quizá no pueda encontrarse una designación más fuerte, siempre es “por su misma naturaleza, un acto de negación, de resistencia frente a lo que se le impone”.

Parece difícil no compartir con Jameson que la “vida dañada” que aparece en el subtítulo de Minima moralia sirve para caracterizar con precisión extrema no sólo la situación tras la barbarie de los totalitarismos, sino también las condiciones de existencia bajo el capitalismo tardío. Si ello es así, las reflexiones realizadas desde esa herida y ese dolor necesariamente nos atañen.

David Cortés (coordinador)

 

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